De cómo se equivocó Bunge y el diario El país

16.01.2019

DE CÓMO SE EQUIVOCÓ BUNGE Y EL DIARIO EL PAÍS YA QUE EL PSICOANÁLISIS ES UNA CIENCIA

Hoy la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero ha convocado a este Ateneo por dos motivos: 1.- Alguien ha cometido un error, y 2.- Ese error se refiere al modo de determinar lo verdaderamente científico y su posterior diferenciación de lo falsamente científico. Y por otro lado nadie duda que tanto el error como su contenido, son hechos políticos, ya que tienden a negar la cientificidad de la teoría del inconsciente y si, todavía, no se nota que sea un hecho político, entonces diremos que el positivismo lógico (que es, en realidad, quien se equivoca en la boca de Bunge) al impugnar el psicoanálisis como ciencia, impugna, casi directamente, la teoría de la Historia, ya que es esta disciplina la que convalida al psicoanálisis como ciencia.

Sin embargo, hoy, no me habré de servir de la ciencia de la Historia para tratar de desmontar el bien armado circo del positivismo lógico, primero porque la ciencia de la Historia no se produjo para tratar de convencer a los positivistas que están equivocados, sino que se produjo dentro de la producción histórica de las ciencias, por lo que de su procesamiento técnico depende la transformación de la realidad y segundo porque las armas para pelear contra el positivismo están en Freud.

Si dejamos entonces, de común acuerdo, de lado la teoría de la historia, es en La Interpretación de los Sueños, libro escrito por Sigmund Freud y publicado en 1900, donde no sólo se inaugura un nuevo continente científico, sino que se pone en tela de juicio el concepto de verdad, de objetividad, que manejaba la filosofía, hasta entonces, para pensar los procesos de producción científica.

Antes de entrar en pleno tema, es decir el tema de la verdad o de la falsedad de un proceso científico, me place decir que, desde el sistema científico de la teoría psicoanalítica, se puede entender porqué Freud tenía la ilusión que tenía en el contexto de la histeria. Bueno, la ilusión que padecía Freud en 1895 (cinco años antes de publicar La Interpretación de los Sueños) es la misma que padece Bunge en 1984 (84 años después de la publicación de La Interpretación) y la misma que padece el Diario El País (119 años después de la publicación de la Interpretación). Uno porque todavía no había podido comprender, los otros, directamente, suponemos, porque no les conviene comprender.

Y esto es para ambos un problema, estrictamente psicoanalítico. Para Freud, no haber producido el concepto de libido, ni el concepto de inconsciente, ni se habían abierto las puertas de un quehacer metodológico, que pudiera traer aparejado la producción del concepto central de la técnica psicoanalítica, que llamaremos en todos los casos, transferencia. Para Bunge, porque sólo el psicoanálisis, podría, si Bunge se lo permite, transformar la mente (perdón por la palabra) de un hombre, en quien se encarna un concepto de verdad que ya se desmoronó en los libros.

2.- Buscar que coincidieran lo real con lo teórico. Para ambos, problema epistemológico. Para Freud obstáculo epistemológico que salvará como tal, sólo, después de haber producido, en la formulación del discurso onírico como materia prima un nuevo nivel de objetividad. Para Bunge evidencia epistemológica de error, ya que se trata de su equivocación sistemática, confundir en todos los casos el objeto real con el objeto de conocimiento.

El valor de una ciencia no se discute desde sus fuentes reales, se discute desde su capacidad teórica. Y es la capacidad teórica de una ciencia la que, vuelta sobre la realidad, la vuelve posible instrumento de transformaciones reales. Es decir, es la capacidad objetiva de una ciencia la que hace posible el procesamiento práctico técnico.

El conocimiento científico se define en su estructura productiva, ya que el conocimiento científico es producción de determinaciones que hacen posible: la investigación, la inteligibilidad, el acceso y la transformación de objetos reales.

Como ejemplo podemos poner al psicoanálisis, ya que de eso se trata, y él nos permitirá diferenciar en su campo de acción:

a) El objeto aparente es decir las formaciones del inconsciente, lo que ustedes conocen como los sueños, los síntomas, los actos fallidos, el chiste.

b) El objeto de conocimiento es decir el concepto de inconsciente.

c) El objeto real, que sólo parecerá después de haber trabajado sobre las formaciones y haber producido la interpretación, el inconsciente o los procesos inconscientes de fulano de tal.

Objeto real que no preexistía a la interpretación, que no estaba allí esperando que algún investigador (lógicamente positivista) pudiera extraer de su cuerpo material las especulaciones intelectuales que después, volviendo sobre el objeto serán el fundamento de su objetividad. Objeto real que no preexistía a la interpretación, porque la interpretación psicoanalítica es descifrar efectos sensibles (objetos aparentes) para reconstruir estructuras latentes (objeto real). Y es precisamente el objeto de conocimiento, mejor dicho, el complejo articulado de teórica, método y técnica psicoanalítica, el que opera como instrumento de transformación, en el trabajo que debe efectuarse para transformar el objeto aparente en objeto real.

Pero de cualquier manera y para seguir desilusionando a los positivistas que quieren encontrar en el psicoanálisis lo que la física les enseñó a encontrar en el campo físico, diré que el desciframiento, cuando se trata del psicoanálisis, no es solo la aplicación (como podría dar cierta versión estructuralista) de un sistema combinatorio o de un modelo con el cual se hiciera traducción del texto descifrado, sino que interpretar supone, no sólo descripción, construcción, descifrado, sino también imaginación.

Y ahora pueden los positivistas ponerse a aullar de dolor (moral en todos los casos) cuando somos capaces de decir que conozco si descifro y descifro cuando determino estructuras objetivas. Pero queremos agregar que sólo descifro y determino estructuras objetivas si puedo imaginar. Si puedo conceptualizar, podré explicar, pero si puedo imaginar, podré representarme lo nuevo. No hay representación de lo que todavía por su novedad es incomparable, sin imaginación.

Si decimos ahora, después de este breve recorrido, que el lenguaje cifrado es el discurso y que la estructura descifrada es el inconsciente, decimos de dos procesos de trabajo diferentes.

Si el discurso son las asociaciones libres de psicoanalizando, la estructura descifrada es el propio inconsciente del psicoanalizando, el trabajo efectuado para producir la transformación se denomina práctica técnica y es regulada y ordenada desde una triple articulación teórica y compleja del objeto de conocimiento (concepto de inconsciente) y articulación invariable de los otros conceptos del campo que inaugura) y de la técnica (asociación libre y transferencia).

Si, en cambio, el discurso es el discurso onírico, plasmado teóricamente como materia prima, definiendo un nuevo nivel de objetividad, entonces decimos que la estructura descifrada es el concepto inconsciente. El trabajo efectuado en dicha transformación se denomina trabajo teórico y es de su incumbencia trabajar con instrumentos teóricos y materia prima, también teórica. En el caso de la producción del inconsciente, el discurso onírico, no es el sueño soñado, no es el sueño vivido, no se puede controlar con un aparato, ni medir con ningún patrón lógico, porque el discurso onírico no es real, y por lo tanto, tampoco ha de hallarse en ningún escondite de lo real, el discurso onírico es una materia prima determinada teóricamente y por tal determina a la vez que lo real y lo objetivo no sea - para estudiar los sueños como se venía haciendo. Lo realmente o "verdaderamente ocurrido", sino lo materialmente contado por el sujeto del sueño. Sabiendo que en todos los casos el sujeto no podrá hacer coincidir nunca su discurso actual (cuento del sueño) con su vida vivida (sueño "verdaderamente" soñado).

Y los instrumentos también teóricos, con los cuales trabajo esta materia prima, los podemos reconstruir en Freud y ellos son:

Primero el concepto de aparato psíquico, que importa del proyecto para una psicología. Allí era un aparato psíquico con base orgánica, cuya formulación no facilitaba ningún tipo de conclusiones acerca de la autonomía de lo psíquico. Pasa a la Interpretación como concepto general de campo, que permite definir los límites dentro de los cuales acontecerán los hechos psíquicos y que éstos serán en todos los casos, producto efecto de una particular relación dialéctica dentro del aparato de dos lógicas diferentes, el inconsciente, la conciencia, separados definitivamente por la represión, ya que ella no puede de ninguna manera acceder a él y él sólo puede acceder a ella sometiéndose a tan grandes transformaciones, que aún hoy, muchos intelectuales, entre ellos Bunge, siguen sin creer del todo que un síntoma, una enfermedad como la locura, sean simplemente efectos de la transformación impuesta al deseo inconsciente, por la represión, en su tendencia a expresarse.

El segundo instrumento que utilizó Freud para trabajar la materia onírica es el Principio de placer que tiene un fundamento económico que se define en el Principio de constancia. Quien hace la crítica cuestionando la validez de esa aplicación, siempre entiende erradamente que Freud estaría aplicando sin más un principio físico a una realidad extraña, entonces toda la dificultad proviene de pensar que el principio energético, el principio de constancia, Freud, lo aplica tal cual de la física a un campo, que no es el campo físico, en cuyo caso estaríamos ante una extrapolación de campos. Pero si no se niega el valor de la ideología científica para trabajar el nivel de las generalidades, se ve por el contrario, la necesidad de esa importación y la productividad del resultado.

El tercer instrumento es la concepción filosófica de manifiesto y latente.

Instrumentos teóricos que, cumpliendo requisitos del trabajo teórico, trabajaron una materia prima teórica (discurso onírico) para producir un efecto, producto de ese trabajo que no preexistía ni en la materia prima ni en los instrumentos: la teoría del inconsciente.

El concepto de inconsciente en Freud es hipótesis y premisa de toda la teoría psicoanalítica, siempre y cuando la premisa sea resultado efecto de un proceso, no el punto de partida sino el punto de llegada desde el cual se hizo posible la teoría, lo que llamamos con el nombre de ruptura.

En cambio, los positivistas, Mario Bunge entre ellos, empíricamente, es decir ateniéndose a elementos puramente fácticos, de observación y de situación, desconectados de estructuras y de historia, entienden que las hipótesis son puntos de partida propuestos por alguna disquisición o convención. De ahí que haya formulaciones muy precisas del positivismo, que son las convencionalistas.

Es decir, que en todas las tesis del empirismo lógico hay una disociación fundamental, un círculo vicioso, que consiste en definir las estructuras formales como el instrumento indispensable para entender los datos de hecho, los datos fácticos, lo empírico. Entonces, con las estructuras formales se explican los hechos, y estos datos empíricos son el contenido de esas formas. Por lo tanto, una teoría como la teoría de los gases es un conjunto de supuestos, a ese nivel, sistematizados, que explican y predicen hechos empíricos. Este movimiento parecía aceptable, pero resulta que después, los neopositivistas se preguntan de dónde salen estas estructuras formales, si es que son formas de contenidos, se responde, no puede salir más que de los contenidos, es decir de los datos y hechos empíricos ha que partir por vía de observación y detección a la construcción de las estructuras formales.

En una palabra, cuando se preguntan qué son las estructuras formales, se dice que son las que resultan de procedimientos de inducción o de tratamiento de los datos empíricos y que entonces surgen como estructuras formales en correlación con los datos empíricos; pero cuando se preguntan por la función de las estructuras formales, se dice que son las que permiten explicar y ordenar los hechos empíricos, el círculo vicioso es evidente. Badiu muestra al estudiar el concepto de modelo, que este mecanismo de explicar lo empírico por las estructuras formales, y las estructuras formales diferenciarlas de lo empírico, es un circuito vicioso que aparece no sólo en toda la línea del neopositivismo, sino también en muchas de las formulaciones del estructuralismo. Entonces, ¿qué es lo real? Lo empírico, lo fenomenal es lo real y las estructuras teóricas son simplemente lo construido, de modo que el término empirismo lógico nos dice muy bien de las dos variantes que quiere resolver esta filosofía de la ciencia: la empírica y la formal; es un empirismo lógico y un logicismo empírico.

Si se dice que los modelos se construyen a partir de la observación, entonces, se dice que se observa sin modelo, sin teoría; esto no le sucede solamente a los neopositivistas siempre, sino también a los estructuralistas cuando intentando definir tiempo, conceptualizan diacronía y sincronía; al mismo Levi Strauss cuando formula la construcción de los modelos y esto es trabajo ideológico que producirá, en todos los casos, un preconocimiento, en el sentido más general, una opinión, pero nunca un conocimiento.

Este círculo vicioso lo podemos entender claramente desmontado, impugnado y resuelto, cuando vemos que la estructura formal hay que definirla desde la ruptura y sólo el pasaje a otra práctica (la práctica técnica) permite volver sobre lo empírico, pero volver se vuelve ahora sobre un plano de lo empírico, de lo determinado teóricamente, ordenado por el método de interpretación-construcción y manejado técnicamente se vuelve a un campo experimental y no ya empírico.

PROBLEMA DE LA VERDAD

Es uno de los problemas más difíciles de la filosofía y también se cuestiona en relación con la producción científica.

De lo hasta ahora trabajado en ese campo, habría un primer planteo que se cuestiona la vedad, definiendo el campo de la verdad en una relación.

La relación del conocimiento y la realidad a nivel de existencia, es decir, la relación entre el pensamiento y la existencia. Y sobre esos dos momentos se trabajan todas las soluciones. Se prescinde de definir esa doble instancia, la real y del conocimiento, para después definir, en distintos términos contradictorios, como ser, tesis que afirman la existencia de lo real, o bien, tesis que suspenden la consideración de la existencia de lo real, o bien, que afirman la preminencia del pensamiento. Este primer planteo proviene de la filosofía antigua. La filosofía antigua ya nace determinada por el desarrollo de las ciencias nacientes (la aritmética, la geometría y luego la física) y allí se da la caracterización de la verdad como un problema racional. La relación del conocimiento como proposición o como juicio y los contenidos reales, es decir la verdad como relación de las proposiciones y su contenido, o su referencia intencional, o su conformidad o no conformidad con lo real.

Aristóteles dirá: Negar lo que algo es, supone falsedad. Lo cual también dice que verdad es afirmar lo que es; pero ¿adónde remite este "es" de Aristóteles? Este "es" de Aristóteles remite a la experiencia, es la experiencia la que tienen que convalidar el valor de la verdad, o todas las esencias de la verdad.

Esta primera versión de la verdad se puede caracterizar como tipo de explicación en función de relación de conformidad.

Todo eso que abrió Aristóteles e inició Platón, tiene su culminación en la filosofía escolástica, que es la que acuña las fórmulas definitivas y abre, además, los variados acentos que se pueden poner dentro de la misma ordenación y que son:

1.- La verdad es adecuación del intelecto a la cosa.

2.- La verdad es adecuación de la cosa al intelecto.

3.- Una fórmula de conciliación, adecuación del intelecto y la cosa.

Si se afirma la preminencia de lo conocido (en la fórmula anterior la realidad) tenemos la fórmula del objetivismo. Si se afirma la preminencia de las elaboraciones intelectuales, tengo la fórmula del subjetivismo. Si defino estas dos fórmulas, ahora tengo posibles soluciones de interaccionismo o de conciliación, el intelecto determina la realidad, la realidad determina el intelecto y así tendríamos una relación simétrica. Pero veremos cómo esta simetría tiene una serie de implicaciones metafísicas. Ese interaccionismo se encuentra en las filosofías más modernas.

El objetivismo en Hegel, en la Fenomenología del espíritu. Yo, sujeto, tengo experiencia sensible, tengo captación por medio de los órganos analizadores, específicos, de fenómenos existentes. Porque existe el fenómeno yo lo veo, ésta será la fórmula objetivista, pero qué falta decir, falta decir que el fenómeno se define como objetivo desde mí mismo, es decir desde la conciencia, polo subjetivo de la dialéctica.

Esta es la clave de Hegel, mejor dicho, la clave de su idealismo.

Y cuando la verdad no es relación de adecuación, sino que verdad es revelación, verdad es lo que se muestra en su estructura más profunda, más valedera, más absoluta y última, también aquí está la experiencia sensible y de las ilusiones sensoriales, el secreto, el misterio que hay que desentrañar de todo campo de la realidad.

Y siempre se requieren ciertas condiciones para que lo que es, se muestre. Esto viniendo de San Agustín tiene una expresión moderna en la filosofía de Heidegger, que termina diciendo que la verdad es mostración, presentación, descubrimiento, porque el sujeto humano, que vive en un mundo inscripto en relaciones de coexistencia, tiene la posibilidad alumbrada por el Ser, de descubriré el sentido del ser de los entes que no son él. Así que en el sentido heideggeriano la verdad es revelamiento de lo que es; y lo que es, es el ente y el ente se patentiza, se hace presente.

Lacan toma la teoría heideggeriana para mostrar que hay una patentización de ese ser, que es el inconsciente.

Esta concepción de la verdad que viene desde el mundo griego, reaparece paradojalmente en una reinterpretación de Freud, donde si bien la realidad psíquica no llega a ser misteriosa, su verdad es posible de ser reveleada, o bien el sujeto puede acceder, previo cumplimiento de algunos requisitos, a su propia verdad, que por existir antes que el sujeto la conozco, sólo podrá encontrarse con ella por casualidad, o bien descubrirla, pero en ninguno de los dos casos, el sujeto podrá producir su verdad, que siempre es relativa a otras verdades en la secuencia significante y que Freud de manera magistral expone en La Interpretación de los Sueños.

Entonces, desde dónde puedo predicar verdad o falsedad, desde Aristóteles que todavía es moderno, desde enunciados de proposiciones, desde términos de lenguaje; pero cuando aparece la otra vertiente que dice: verdad es la realidad porque verdad, teológicamente, es la realidad que Dios conoce y los mortales son los participantes del conocimiento divino, por la gracia de Dios o la iluminación, van descubriendo una verdad divina que preexistía a su producción y que por otra parte no tiene otra alternativa que ser la realidad, ya que en este planteo tanto la realidad como la verdad son la palabra de Dios. En la realidad la palabra de Dios permanece misteriosamente oculta, y en la verdad la palabra de Dios es palabra revelada, que una vez descubierta se muestra siendo la realidad, porque verdad y realidad son para Dios y para muchos filósofos y científicos contemporáneos, el mismo verbo.

Por ejemplo, en Heidegger la verdad no es un predicado del conocimiento, ni del lenguaje, ni de los enunciados, sino que la verdad es un predicado de lo real; no carácter del proceso de conocimiento.

Entonces, primera cuestión de la verdad, habíamos visto confrontación, adecuación, fórmula clásica de la verdad.

Segunda cuestión: revelación, forma modera de la verdad.

Tercera cuestión, sería, entender la verdad como legislación, como normación. La verdad es la conformidad con determinado sistema o regla.

Cuarta cuestión: se define la verdad en función de conocimiento y de lógica, esta forma de verdad es muy importante dentro del pensamiento contemporáneo, y en los desarrollos neopositivistas define la verdad como articulación con sentido de conceptos o nociones o enunciados. Verdad es coherencia.

Quinta cuestión: verdad como utilidad, si es útil es verdadero. Verdad es la utilidad en función subjetiva o en función de intereses.

Como vemos estamos en condiciones de preguntarnos cuál es la verdadera verdad. Teniendo en cuenta que la conjunción de verdad y realidad remite a una negación de las formulaciones de un conocimiento científico. Trataremos, teniendo en cuenta esto, de caracterizar concepto de verdad.

Diferenciaremos en un principio lo que es determinación real de lo que es elaboración de conocimiento.

Si consideramos la certeza sensible tenemos nociones, representaciones, es decir, tenemos un preconocimiento. Teniendo en cuenta que la representación es una recreación ideativa de una percepción efectivamente experimentada, pero en otro tiempo y lugar. Una elaboración ideológica de un campo fenomenal, que es lo que se aparece tal como se aparece el sol girando alrededor nuestro.

Este campo me define lo aparente, y en lo aparente, -para usar una terminología clásica- tengo opiniones, o sea, un juicio no convalidado.

Si se produce lo que se llama ruptura, entonces podemos, -haciendo abstracción de lo aparente- elaborar una determinación de categorías formales abstractas y esto ya no es preconocimiento, sino conocimiento.

Y ahora los procesos formales abstractos determinan estructuras reales. Cuando el proceso de conocimiento vuelve sobre la realidad, operada ya la ruptura, no es la realidad (el síntoma) la que brinda por sólo mirarla un preconocimiento, sino que es desde el conocimiento que se muestra ahora ilusorio, el conocimiento ideológico.

El campo en cuestión se ha transformado de un campo empírico en un campo experimental.

Entonces tenemos, teoría del inconsciente, determinación de la estructura inconsciente. Efectos de la existencia de la estructura del inconsciente, formas de manifestación de lo inconsciente. Formaciones clínicas y práctica técnica que se hace posible a través de esta elaboración de lo aparente y la modificación de las conexiones de esta estructura sobre este efecto, es decir, proceso de la cura. Una técnica que opera un tratamiento, construyendo verosimilitudes, para definir estructura real en la relación con ese proceso.

Una construcción, en psicoanálisis, no debe ser ni verdadera ni falsa, porque eso sería formalizarla, paralizarla. Debe ser verosímil, conjetura para seguir. Y entonces, ¿dónde está la verdad? En el proceso de construcciones, en la acción de la estructura y en las reconstrucciones. Esto para poder localizar el problema de la verdad en psicoanálisis.

Construcciones que se hacen con teoría, con método y con técnica, a través de todo lo aparente, para determinar que los reales condicionamientos a nivel de estructura - lo que llamamos sobredeterminación, y además, acción de las fuerzas y efectos, nuevas construcciones. En Freud sería, lectura de lo aparente, construcción que es reconstrucción histórica (après-coup, recurrencia) y nuevamente lectura de lo aparente, determinación de estructura, nuevos emergentes, nuevos efectos.

Construcciones, reconstrucciones, nueva construcción y articulación con lo anterior, o sea, secuencia que sería: deconstrucciones, destrucciones, construcciones, deconstrucciones. Y ¿qué se define ahí? ¿es verdad o no es verdad? O se define que puede ser verdad, es decir verosimilitud. Pero, la secuencia de verosimilitudes ¿qué genera?: genera determinación de construcción y puesta en movimiento de análisis como proceso global de verdad.

La verdad ahora no es adecuación, no es relación, no es revelación que surge ahí, porque nunca surge, ni siquiera cuando se termina un análisis completo, porque es relativa. Ni tampoco es el acuerdo con un sistema, sino que verdad, redefinida desde las construcciones en psicoanálisis, es proceso.

Esto implica una interpretación de la verdad procesal, procesal en un nivel de operación técnica. Sin confundirnos con la fórmula pragmática que dice que el resultado es resultado en función del instrumental; definen un sistema de operaciones, definiendo instrumentos con los que opera y los efectos son verdad.

La producción de verdad - decimos- es el conjunto de construcciones. Entonces no es la verdad, simplemente, el sistema que se compara o no compara con la realidad, sino que la verdad está en el trabajo de conocimiento que se objetiva con medios materiales, por lo tanto, a nivel técnico y concreto y operando sobre la realidad.

Entonces, para definir una teoría más integrada de la verdad hace falta reformularse la filosofía.

¿Qué relación tienen los procesos reales de las estructuras materiales con las elaboraciones del conocimiento científico?

En el objeto técnico, en el producto, podemos pensar la relación de lo impensable en los términos de todas las proposiciones filosóficas anteriores.

¿Cómo el conocimiento va a poder entrar en la realidad?

¿Cómo mi conocimiento de la mesa va a entrar en la mesa?

Es impensable. Pero si digo que mi conocimiento de la mesa entra cuando el carpintero tiene el proyecto que realiza la mesa, ¿qué ha cambiado? Ha cambiado el fundamento mismo de la filosofía y de la interpretación de la realidad y de la interpretación del conocimiento. Es decir, que el concepto de producción y de trabajo permite definir la correlación del conocimiento y los procesos materiales, los procesos objetivos.

Entonces, ¿qué sabemos de la materia? ¿Qué es la materia?

Y esto, claramente, no se puede elaborar sino desde los conocimientos científicos.

¿Qué es la materia física? Lo que me dice el análisis físico-químico, que el agua no es lo aparente, transparente, líquido, sino que tiene una estructura, que es hidrógeno y oxígeno, H2O, y ya está; ahora podemos creer que esa es la materia. No, éste es sólo un nivel de estructuración de la materia, ya que la profundización de ese análisis trabajo teórico - me dice que el hidrógeno y el oxígeno tienen electrones, protones, y neutrones.

Entonces, profundización del conocimiento y estratificación de la estructura material; y con esto ¿tengo acaso un supuesto último acerca de qué es la materia? No. Pero sin embargo este sistema articulado, determinable, del proceso científico y de la práctica social, es el plano de la materialidad, de la existencia objetiva, independiente de la conciencia, de la determinación social e inconsciente y de la voluntad, pero no del conocimiento.

El conocimiento es el que se objetiva en los productos, sólo en los productos tengo resuelta la relación del conocimiento y la estructura material. El concepto de construcción racional materializa, permite pensar en el objeto técnico un tiempo de simultaneidad, donde su ser, producto efecto de un trabajo, es materia y es al mismo tiempo razón.

Y no precisamente porque alguna teoría haya ido caminando a meterse en el propio corazón de la materia prima para encontrar la verdad, sino que la verdad es producto efecto de un proceso de trabajo. Y esto, como vemos, es un nuevo materialismo que, si nos olvidamos de la ciencia de la Historia, Freud abre con la teoría del inconsciente.

Y por eso de no saber dónde se esconde el empirismo lógico diremos, para concluir con el tema de la verdad, que si el inconsciente es una estructura real ¿cómo podemos pensar nosotros que el inconsciente habla y que hay una verdad del inconsciente? Sin embargo, dice Lacan: "Prestar mi voz, para hacer el soporte de estas palabras intolerables, yo la verdad hablo". Y ahora la verdad habla, y eso, dice Lacan, pasa de la alegoría. Y esto quiere decir de la verdad, de la única verdad, a saber: la de que no hay metalenguaje, afirmación hecha para situar todo el positivismo lógico, que ningún lenguaje podría decir la verdad de lo verdadero. Y esto es así, simplemente, porque lo verdadero ha sido concebido en términos absolutos: "Puesto que la verdad se funda en aquello de lo que ella habla y no tiene otro medio para hacerlo. Es eso mismo por lo que el inconsciente que lo dice, dice lo verdadero sobre lo verdadero, y eso, verdadero está estructurado como un lenguaje y es por eso que yo digo lo verdadero sobre Freud, que ha sabido dejar bajo el nombre de inconsciente, hablar a la verdad". Y eso que parece un trabalenguas no lo es, sino - como dijimos antes- es la verdad heideggeriana donde el inconsciente no tiene existencia, porque es del ser.

Teorizando hay que pensar en experimentar. Experimentando hay que pensar en teorizar. Y ésta es la dialéctica, porque no hay absolutización ni de la materia ni del conocimiento. No hay experimentos que puedan operar transformaciones milagrosas, es decir, el experimento tiene sus límites, es incompleto. Y no hay teoría unicomprensiva que sea el saber absoluto, es decir, la verdad está limitada, o peor aún, la verdad es rectificable.

Entonces, hablamos de verdad de procesos, no de verdad definitiva, y sin embargo, tenemos objetividad, es decir, producción de objetos y relaciones necesarias en un contexto determinado. La dialectización de este tipo de verdad, está puesta por el error, la verdad surge, entonces, de la rectificación de los errores, y ésta es la fuente fundamental de la producción de la verdad científica.

EL PROBLEMA DE LA TEMPORALIDAD

Hoy la ciencia pasa por ser la disciplina que procesa teoría, procesa descubrimientos de fenómenos, procesa la determinación de leyes en varios campos, generalmente culmina, se concentra en cálculos.

Así, abruptamente se puede hacer la mención de si el psicoanálisis es cálculo, de si la experiencia analítica es susceptible de cálculo, y si ese cálculo es, en caso negativo, una condición esencial de las ciencias.

Y esto pone en escena, directamente, la problemática de la temporalidad.

Si es cálculo es porque hay un orden, y si hay orden la esencia del tiempo está caracterizada sobre un canal que viene de la primera teoría filosófica: de la teoría aristotélica del tiempo.

Probablemente el psicoanálisis tenga una función especial con respecto al discurso filosófico, como lo tuvieron en otras épocas las matemáticas o la física o la biología. Probablemente sea la ciencia piloto de la redefinición del pensamiento filosófico.

Freud asimismo con el descubrimiento del inconsciente abre un dominio donde no reconoce tiempo, si tiempo es ese sistema de ordenación, si tiempo es lo necesario, si tiempo está determinado, si tiempo es lo medible, lo contable, lo continuo.

Problemas respecto a la temporalidad del campo en la experiencia analítica.

El tiempo físico, el tiempo de los cronómetros, no explica el tiempo de la experiencia analítica, porque el tiempo de la experiencia analítica es un encuentro pluridimensional, imaginario, simbólico y real, de la temporalidad de la existencia o de la temporalidad del inconsciente, de la temporalidad de lo reprimido.

El despejamiento en la presencia del analista, en la transferencia, hace a una discontinuidad del tiempo. Y sólo en la resistencia hay transferencia como posibilidad de presencia del analista para el analizando.

La irrupción de esa presencia instaura su tiempo que abre la posibilidad de la palabra o la asociación en términos tradicionales y ésta es la sobredimensión temporal que no se reduce a otra dimensión. Por eso, en las concepciones tradicionales, kleinianas o no kleinianas, conductistas o no, en psicoanálisis, pensaban que los momentos de la secuencia del discurso había que relacionarlo con la historia fuera de la experiencia analítica, o que una historia biográfica y familiar era el fundamento para probar las conclusiones o el sentido, o la interpretación válida en la experiencia analítica, cuando tienen otro tiempo. Este es el tiempo que Freud señala en la renegación, el tiempo tiene circularidad mítica, otro tiempo de la experiencia analítica, no reductible a otros tiempos porque los otros tiempos no son los fundamentos.

En última instancia, el inconsciente es irreductible a otro campo, aunque no pueda tener realidad sino en el lenguaje. Tiene realidad en el lenguaje, pero su existencia no es el lenguaje. El inconsciente no es lenguaje, pero no será sin el lenguaje. El sujeto no es significante pero no habita sino en el significante.

La repetición no se dispara desde el pasado, la repetición se dispara desde el futuro, Lo paradojal es que lo que se repite no es lo que ha sido, sino lo que va a ser. Si hay una posibilidad, como el límite de la temporalidad de la existencia, la repetición es como la pulsión de muerte freudiana. Se despeja desde la pulsión de muerte, desde una pulsión regresiva, como si regresáramos desde el futuro. Entonces decimos que se rompen esas estructuras. No hay más finalidad, no hay metas, no hay tensiones, hay límites, hay posibilidad e imposibilidad.

Estamos envueltos en nuestra propia dimensión enigmática de la temporalidad. El tiempo psíquico, el tiempo de la experiencia analítica, no es un tiempo de secuencias medibles, no es un tiempo objetivo, ni la experiencia del analista con el analizando, o del analizando con el analista remita a una secuencia temporal, según la cual, se viene desde el antes hasta el ahora, o del ahora hacia el mañana. Pero la reconstrucción psicoanalítica supone ser el movimiento temporal con que se descubre su historia y ésta es la historia reprimida, no su biografía ni su historia objetiva.

Pero la historia reprimida que se redescubre, la redescubre en un tiempo otro, un tiempo que no tiene la secuencia del ayer, del hoy y del mañana, que no viene del ayer hasta aquí para apuntarse en le qué voy a hacer mañana, sino que se mueve paradojalmente con un movimiento de contratiempo, es decir, que proyecta el futuro sobre el pasado.

Esta es una de las características que muestran no una linealidad, sino otro proceso de la temporalidad, que es la temporalidad de la experiencia analítica.



Miguel Oscar Menassa

Publicado en el año 1984


Autor Miguel Oscar Menassa

Material extraído de la revista Leyendo a Freud. Editorial Grupo Cero.